Tenía doce años de edad. Me recosté en mi cama pues me sentía muy cansado, lo cual ýo ya sabía que indicaba que podría ser una tarde de esas especiales, es decir, algo podría pasar, porque durante todo este año había estado recibiendo curiosas visitas en mi habitación, algunas hermosas, otras no tanto, pero todas y cada una traía consigo enseñanzas importantes, tanto, que nunca las olvidé.
Por las tardes, a la hora de esta especial "siesta", me visitaba un señor, no se cómo llamarlo, nunca me lo dijo. Solo sentía sus manos grandes y viejas posarse sobre mi abdomen. Lo presionaba con fuerza, hasta provocarme dolor. Después de eso, me sentía inusitadamente despierto, muy lúcido y vital. A ratos tocaba sus manos para reconocer que se trataba de él, del mismo de siempre.
La primera vez, luego de presionar mi abdomen, presionó fuerte mente mi pecho, y deslizo sus manos hacia mi garganta y mi rostro, como si dirigiera algo en mi interior. Entonces sentí una arcada y tuve un espasmo de asco, no alcanzó a ser una tos. Simplemente hice un arco hacia arriba (estaba recostado de espaldas) y bote algo gomoso por la boca, como una masa viscosa. Este hombre la recogio de mi boca, y la puso en mi mano derecha. Entreabrí mis ojos para mirarla, y era una masa café oscuro, y me dejó un sabor mas bien amargo. De pronto, sentí mis bronquios agradablemente despejados. Esta fue su carta de presentación. Me tendí nuevamente, y disfrute de esa nueva sensación. Entonces pude recordar y asociar. Desde hacía un año, me habia integrado a una banda de música rock. Era una experiencia electrizante, y en ese entusiasmo me había visto compartiendo con un grupo de nuevos amigos todos mayores que yo. Fumaban mucho, muchísimo, y nuestra sala de ensayos era un lugar pequeño y encerrado. hacía un mes que estaba acusando recibo de ello. Tosía a menudo y sentía molestias al respirar. Sin embargo y desde el día que tuve esa experiencia de limpieza, cuidé mucho más del aire que respiraba, exigí respeto a mi salud, y agradecí infinitamente aquellos cuidados.
No es la última vez que fui visitado por este ser. Muchas veces vino a verme y algunas de ellas, recibí atenciones por el estilo, aunque no siempre fueron agradables. Por ejemplo, en una ocasión recibí un agudo pinchazo en el trasero, y pude sentir con mucha claridad como un líquido denso entraba a mi cuerpo. Cuando me reincorporé del encuentro aún me dolía, y esa sensación y sensibilidad me acompañaron por varios minutos más.
A menudo aparecía cuando sufría mis consabidas crisis de colon espástico. Yo era un chico más bien nervioso, demasiado introvertido, quizás. Entonces condensaba mis rabias y miedos allí. Cuando las cosas estaban mal, el aparecía y presionaba my abdomen con fuerza, tanta que a veces sentía que no resistiría la presión, pues sentía un intenso dolor. Sin embargo siempre terminaba igual, con esa sensación de vitalidad exquisita, y agradablemente relajado.
Nunca le pregunté quien era hasta aquella tarde que no aguanté de curiosidad y de un salto traté de enfrentarlo para ver su rostro, para encararlo. Fue inútil, pues el brinco terminó en una voltereta ridícula en el aire (creo que estaba fuera del cuerpo) que me dejó exactamente en la misma posición, aunque luego intenté un forcejeo igual de ridículo, pues de su parte recibí una contensión insuperable, aunque tambien obtuve de retorno sus risas amorosas. Nunca pude verle el rostro. Solo recuerdo sus manos enormes, las ropas que cubrian sus brazos (una especie de túnica café), su presencia protectora, y su absoluto anonimato y humildad. Nunca respondió a mis "gracias" ni a mis preguntas (a veces insistentes). Simplemente se marchaba, y yo me quedaba ahí, sintiendo su benéfica presencia disiparse. Me acompañó por un par de años. Un día no vino más...o quizá deje de estar consciente de su presencia.
Me emociona recordarle
destat
No hay comentarios:
Publicar un comentario