Luego del Retorno del Duende comencé a vivir cotidiana y frecuentemente variadas y divinas experiencias; todas en estado de lucidez. Debido a su frecuencia es que resulta algo natural para mí, como para contarlo con soltura y hacerlo parte de mi vida. A continuación, una de ellas.
Recuerdo una noche en que me encontraba dibujando sobre mi cama (entre 1 y 2 de la madrugada); dibujaba figurines y vestuarios para una entrega, en ese tiempo estudiaba diseño de vestuario. Buscaba los colores adecuados, armónicas combinaciones, diseños bastante excéntricos, volados. La luz principal de mi habitación estaba encendida, la TV también, por su puesto que con volumen bajo ya que el resto de la casa dormía. El control remoto estaba a mi lado apuntando hacia la TV y la disposición de mi cuerpo también; a pesar de que estaba concentrada en mis dibujos. De pronto siento alzarse en volumen de la TV, fue sorprendente escuchar como subía el volumen, algo notorio porque en el silencio de la noche cualquier cambio en el sonido se capta con facilidad; considerando que esto ocurre algunas veces por señal, rápidamente miro la TV y veo que indicaba que el volumen había sido subido (como por control remoto), ya que quedó el registro durante 2 segundos, y además alcancé a ver como subía de 13 a 14 que es donde se detuvo (estaba en 7). Me reí, me sentí muy acompañada, sabía que me visitaban. Sigo en lo mío… y de pronto, me nace mirar el cielo (de mi cuarto), justo sobre mí, y veo una de las cosas visuales más maravillosas que me ha tocado ver. Desde el techo (que tiene gran altura por ser una casa de 100 años) caían colores!, algo así como escarcha de colores (lo más próximo a una definición que se entienda); pero estos eran colores que yo nunca había visto antes, colores que no existen y que sólo los conoces cuando los vez. No podía creer lo que veía, lo que me hacía abrir aún más los ojos. Caía suavemente y en cuanto estaba muy próxima a mi cara, se desvanecía. Esto tiene que haber durado aproximadamente unos 10 segundos, que para mí fueron infinitos. Quedé absorta en admiración. Después de dejar imprudentemente que mi cabeza razonara dicha experiencia, traté de volver a la misma posición, tratando de mirar de la misma forma… pero ya no era lo mismo, comprendí que duraba lo que tenía que durar, como todo en la vida.
Aurora
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